Misa de Acción de Gracias de una Quinceañera

Durante su misa de acción de gracias, la jovencita renueva sus votos bautismales y agradece por sus quince años de vida.

El día del evento, la misa comienza con la entrada de la Quinceañera acompañada de sus padres o padrinos y seguida por su chambelán y el resto de la corte. El sacerdote recibe a la chica con una silla en el altar. Al contrario de una misa regular en domingo donde las lecturas son dirigidas a todos los asistentes, en una misa de Quince años la lectura es sólo para la festejada. Temas de juventud, el amor eterno a Dios, convertirse en toda una mujer y mantenerse fiel y la fe son comunes en este tipo de misas.

Durante el sermón, el sacerdote habla sobre la fe y la virtud, y de la importancia del papel de Quinceañera en la iglesia de su comunidad. En ocasiones los familiares son elegidos para leer pasajes específicos de la biblia. En el transcurso de la ceremonia, el sacerdote bendecirá el rosario, la biblia y otros regalos que la Quinceañera haya recibido. También hay una “ceremonia de coronación” donde la madre de la niña o la abuela le colocan la tiara, la cual tiene un significado simbólico.

¿Estás preparada?Nos hemos tomado la libertad de compartir contigo esta hemosa carta de un sacerdote.
En ciertas ocasiones ha sucedido: Lujosas limosinas traen a los participantes al evento. La quinceañera llega con su vestido de fiesta, hecha una creación de gasa y de tul. La mamá y el papá se presentan vestidos según su entendimiento de lo que es propio y elegante para la ocasión. Varios chambelanes y damas llenan la entrada de la iglesia que se encuentra inundada de flores. El cántico de entrada da pie a la procesión para así iniciar el sacrificio de la misa. Como sacerdote paso a los ritos iniciales, En el nombre del… Amén . Prosigo con El Señor esté con ustedes y me pega en la cara un silencio sepulcral. La asamblea no reacciona, no participa, no se centra en el misterio de salvación que vamos a celebrar a la luz de la vida única e irremplazable de la quinceañera. Me causa tristeza cuando esto ocurre. No hay reconocimiento de la ocasión, no hay preparación para el acto y miles de dólares han sido desperdiciados.
Para comenzar, aclaremos unos términos. Una quinceañera no es un catilion, palabra sacada del idioma inglés catillion y cuya traducción correcta al español es presentación en sociedad . Una debutante es aquella señorita, por lo regular de las clases más altas, que es presentada en sociedad. Es el reconocimiento de una joven como parte de la sociedad donde vive. En el pasado una presentación marcaba la edad de un joven para poder casarse. ¡Esto no es una quinceañera!
El origen de la quinceañera tiene sus raíces en un rito especial que muchos grupos nativos de Norteamérica y la América Central tenían de ofrecer un sacrificio ante los dioses por un joven o una joven a la edad de sus quince años. Esta celebración tenía un carácter religioso, litúrgico y espiritual. El individuo era reconocido como parte de la sociedad donde residía desde la perspectiva de los dioses. Pero con la invasión, la conquista española y en un intento de evangelización se adaptó esta costumbre llevándola al templo católico y limitándola sólo a jovencitas. Debo indicar que este aspecto también está evolucionando. Los chicos también están celebrando sus quince años, con ciertas enmiendas a la celebración de las chicas y adaptando el evento a su realidad como varones católicos.
La celebración de los quince años es un encuentro con Dios en la Eucaristía. Generalmente se da en el contexto de una misa. De ahí que la liturgia se debe observar según el Ritual Romano católico. Este no es un momento para canciones seculares porque son bonitas o porque me gustan . Todo músico en la iglesia, desde el organista, guitarrista, coro o mariachi debe saber lo que son las partes variables de la misa. De otro modo, ¿qué hace tocando o cantando en la iglesia? Las canciones, lecturas, procesiones y demás deben reflejar el conocimiento de una liturgia establecida, donde se pueda enriquecer, no sustituir, con actos de la tradición popular apropiados para la ocasión, por ejemplo, flores a la Virgen.
La celebración de los quince años es una declaración oficial de la identidad católica de la joven y de su familia. El no contestar apropiadamente en la misa, el no saber cuando arrodillarse, ponerse de pie, sentarse, el entrar masticando goma de mascar, con vestidos inapropiados y demás pone en tela de juicio su participación e identidad religiosa. En un momento dado la quinceañera renovará sus promesas bautismales. Es lógico que sus acciones y las de la familia vayan de acuerdo con lo que profesan en público.
Este evento conlleva una preparación y no me refiero a las flores, al salón o a la comida, sino a la preparación interna y espiritual de la joven y su familia. En ocasiones, la iglesia ofrece un taller o preparación para los asistentes al evento. Es parte de un esfuerzo evangelizador de la iglesia. La asistencia, pues, es clave para esa preparación. El sacramento de la reconciliación es importantísimo. Lo lógico es hacer preparativos de antemano, no una semana o el día antes, para que todos los miembros del evento se confiesen y su pongan al día en su relación con Dios a nivel sacramental. Quizás la joven ocupe un retiro de jóvenes. La selección de los chambelanes y damas debe ser hecha con cuidado y aprobada por los padres. Después de todo, son los padres los que están supervisando el evento.
Toda esta acción debe reflejar la creencia de la familia de la quinceañera en los valores instituidos por Cristo en su Iglesia. Una vez establecida la base católica-cristianareligiosa de la misma, todo lo demás adquiere un significado más profundo y verdadero. El encuentro familiar, los amigos, los parientes que vienen de fuera, los arreglos florales de la iglesia, la fiesta y demás adquieren un sentido que no es meramente cultural o de tradición sino signo del verbo hecho hombre (humano) habitando entre nosotros. De esta manera le damos a Cristo la oportunidad de manifestarse en lo cotidiano de nuestras vidas.
Como seminarista tuve la oportunidad de presenciar la celebración de una quinceañera en el estado de Guerrero, en México. En uno de los ranchos más humildes en la cima de la montaña se encontraba la capillita. Era una estructura ínfima con paredes de palos y piso de tierra. Desde la colina se podía ver el ranchito . Pude observar a la quinceañera salir de su casa con un vestido hecho por su propia abuelita; blanco, lozano, juvenil y adecuado. La acompañaban sus padres y demás familiares cargando ramilletes de hermosas flores. Mientras caminaban cuesta arriba a la capilla, la riqueza de sus intenciones, sonrisas y sentido de respeto contrastaba dramáticamente con la pobreza física del panorama lleno de rocas, verjas cayéndose, carretera sin pavimentar. Todos venían sonrientes y listos para una celebración de vida. Cuando le pregunté al padre de la joven cuáles fueron los preparativos para la ocasión me contestó que ya toda la familia se había confesado y que las obligaciones de la misa se habían cumplido: quien iba a leer, quien iba a llevar el pan y el vino al altar y demás. Dentro de la sencillez de su condición tuvieron una participación plena. Pensé, ellos vinieron preparados .

 

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